Linda Rottenberg, cofundadora y Presidenta ejecutiva de Endeavor
SU CRUZADA POR LA INNOVACION Chile país pionero
»Linda Rottenberg dice sentirse muy orgullosa de los progresos que ha realizado Chile en la última década. Asegura que cuando llegó, en los 90, todavía existía el sentimiento de que el país estaba al fin del mundo. Era un lugar estable económicamente, pero poco innovador y en el que los negocios no estaban dispuestos a tomar riesgos. Hoy, en cambio, la situación es muy distinta. No faltan emprendedores dinámicos, innovadores y con mirada global. Chile, además, ha sido pionero en dos áreas: el directorio de Endeavor Chile es, según Linda, uno de los mejores de la organización, ya que cuenta con la presencia de empresarios de peso como José Luis del Río, Alvaro Saieh y Salvador Said. Además es, junto a Turquía, el país que cuenta con más mujeres emprendedoras. “Hubo una época en que el 90% de los emprendedores de Endeavor eran hombres, pero eso está cambiando. Tenemos gente como Isabel Jaras de Nutrabien, quien trabaja con su hermano Patricio, y Karina von Baer de Oleotop. Las mujeres chilenas tienen una fuerza, una pasión por hacer las cosas bien”, dice Linda
Linda Rottenberg siempre había tenido una fantasía: casarse como una princesa marroquí. Por eso cuando conoció al escritor Bruce Feiler y decidieron armar una vida juntos, la pareja organizó un matrimonio fuera de lo común.
-Nos casamos en Savannah, Georgia (la ciudad de origen de Bruce), y me puse un vestido de novia tradicional, pero el tema del matrimonio fue Marruecos. En vez de usar el típico velo, usé una mantilla española, reproducimos los colores de Marruecos en la decoración y servimos comida marroquí. Yo siempre me he sentido más en casa en un ambiente global -cuenta Linda, desde Nueva York
Es un hecho que ha demostrado en su vida profesional también. A los 41 años, Linda Rottenberg ha viajado por todo el planeta y se ha convertido en una verdadera eminencia en el mundo del emprendimiento internacional. Hace 12 años ya que cofundó Endeavor, una ONG que promueve el espíritu emprendedor en mercados emergentes de todo el mundo. La primera oficina se abrió en Chile en 1997, pero hoy Endeavor está presente en 12 países en América Latina, África y Asia, y planea llegar a incluir 25 de aquí al 2015.
-Recibimos llamados todos los días, o por lo menos todos los meses, de líderes de los negocios de todo el mundo que quieren promover el emprendimiento y el capital de riesgo y que creen que nosotros tenemos el modelo adecuado para hacerlo. Acabamos de abrir una oficina en Jordania y el próximo año esperamos poder establecernos en Kenya, Perú, Vietnam y Palestina. La idea es difundir el emprendimiento a nivel global- dice la ejecutiva.
Descubriendo una vocación
El interés de Linda por el mundo surgió como por antítesis de su educación. Nacida en Boston, hija de un abogado y una dueña de casa, cuenta que tuvo una infancia muy tranquila y algo protegida
Mis padres fueron pololos desde el colegio, y mi padre tuvo un trabajo, siempre en la misma ciudad. Llevó una vida muy lineal. Y yo siempre sentí que quería lo opuesto. Ellos no viajaban mucho; crecí en una familia estable y cariñosa y eso me dio la seguridad para ser curiosa. Siempre quise una vida de aventuras, siempre quise ver el mundo.
No fue casualidad que su primera amiga fuera una uruguaya. Ni que en los primeros años de universidad tuviera un pololo griego. Poco a poco, Linda fue encontrando su camino.
-En el college (en Harvard) casi todos mis amigos eran internacionales. Estudié una combinación de economía, gobierno, sociología y filosofía y analizamos muchas de las teorías de desarrollo económico, que es lo que más me interesó. Una vez que terminé me di cuenta de que había muchas oportunidades. Por crecer después de los años 60, con los babyboomers, siempre sentí que la historia ya estaba hecha antes de nosotros, que no existía nada más que hacer. Ya se había dado el movimiento de los derechos civiles en Estados Unidos, ¿qué más podía hacerse? Pero luego algunos de nosotros empezamos a preguntarnos por qué tenía que ser así y decidimos si ya se habían peleado todas las batallas en casa, nosotros íbamos a ser la generación global. Íbamos a ser lo que yo llamo la “generación de la innovación”. La pasión por el desarrollo económico y el sentirme parte de esa generación es lo que me ha llevado a hacer lo que hago.
A los 25 años y tras graduarse de la escuela de leyes de Yale, Linda llegó a Chile a trabajar en representación de esa institución. Durante un año se dedicó a trabajar con estudiantes de las universidades Diego Portales y de Chile en una revista de leyes y políticas públicas. Una vez terminada esa tarea, no quiso dejar América Latina y se instaló en Buenos Aires, donde trabajaba en la asociación mundial de emprendedores sociales Ashoka.
Fue entonces que descubrió el nicho que la hizo famosa.
-A través de Ashoka conocí a emprendedores sociales increíbles, pero me di cuenta de que en la mayoría de los países latinoamericanos uno podía conseguir un microcrédito de 50 dólares o una inversión de 50 millones de dólares si pertenecía a una de las familias o de las empresas más influyentes. Pero no había nada entremedio. Pensé: ¿Quién está ayudando a los emprendedores de alto impacto, a los que tienen grandes ideas y ambiciones pero no disponen de las conexiones que necesitan? También necesitaban a mentores y modelos a seguir.
Esa pregunta se convirtió en obsesión a medida que Linda fue conociendo gente “talentosa y educada que piensa en grande”.
-Pensé: podría haber una Silicon Valley aquí, por qué no hay capital de riesgo, por qué no hay un sistema de apoyo para esta gente que no sólo podría cambiar la manera en que se hacen los negocios en la región sino que tener ideas globales. ¿Por qué el próximo computador de Apple o el próximo Google no podría salir de Santiago, Sao Paolo o Ciudad de México?
Los primeros pasos
Al poco tiempo, Linda se asoció con Peter Kellner, quien tenía sólo 23 años y estaba haciendo un MBA en Harvard, y juntos consiguieron el apoyo necesario para abrir su primera oficina. Eligieron Santiago por la estabilidad de la economía chilena. Pero partir no fue fácil.
-¡Fue una locura! Mi madre decía ¿para qué mandé a mi hija a Harvard y Yale? Nadie entendía que quisiera ayudarle a gente que no era pobre y los inversionistas decían que los emprendedores de los mercados emergentes no eran confiables. Nadie pensaba que era una buena idea, pero yo creo que eso sucede cuando uno está frente a una idea pionera. Tomé el que me dijeran “loca” como un cumplido y siempre bromeo con que en esa época acosaba a la gente a la salida de los baños o en los aviones para que apoyaran a Endeavor.
Los chilenos además vieron con reticencia esta nueva iniciativa. “En Chile ni Peter ni yo teníamos apellidos conocidos, así que la gente pensaba: ¿qué es esto, una secta? ¿Por qué están haciendo esto? Debe haber un motivo oculto. Tuvimos que probarles mucho a los demás, pero estábamos convencidos de que si encontrábamos muy buenos emprendedores y les ayudábamos a crear empleos y llegar a otro nivel, entonces ellos contarían su historia y la gente empezaría a llegar a Endeavor. Y así fue”.
Desde entonces, la organización ha apoyado a cientos de emprendedores de alto impacto a nivel internacional y sólo en 2008, sus miembros han llevado a crear 100 mil empleos y generar más de tres mil millones de dólares en utilidades. Hoy está desarrollando además nuevos programas de mentoring que ponen en contacto a emprendedores con gente más experta de Silicon Valley, Boston y Nueva York.
Superar obstáculos no es algo que asuste a Linda Rottenberg. La profesional dice ser una “optimista” invencible y ha sabido enfrentar desafíos en su vida personal también. Hace cuatro años y medio fue madre de dos mellizas idénticas, Eden (por el jardín del Edén) y Tybee (por el nombre de una isla cerca de Savannah), y tuvo que aprender a reorganizar sus tiempos. Su marido trabaja desde la casa, entonces ella se dedica a las niñas en las mañanas y en las noches y él está más presente durante el día. Además, limitó sus viajes. Por ejemplo, cuando le toca ir a la India, sólo va por dos días, cuando antes se quedaba diez.
-Todo en la vida tiene sus etapas. A mí me gustaba mucho ir a ver películas y Bruce escribía para Gourmet, que ya no existe, entonces solíamos viajar y salir mucho a comer. Ahora entre el trabajo y la casa, ya no tengo tiempo para los hobbies, pero volveré a tenerlos cuando las niñas crezcan. Como mujer, es difícil preocuparse de la familia y mantener a flote una organización en pleno crecimiento, pero uno lo hace todo y trata de no pensar en lo cansada que está.
Hace cerca de dos años se sumó a las exigencias de la vida cotidiana el hecho de que a su marido le descubrieron un cáncer a los huesos. No tenía síntomas ni dolor pero en un examen de rutina le descubrieron un tumor en el fémur. Le sacaron el hueso de la pierna y tuvo que someterse a nueve meses de quimioterapia.
No dejé de trabajar, pero cada vez que tuvo que quedarse en el hospital yo estuve con él. Y Endeavor es una red. Es como una familia y me siento agradecida porque me apoyaron mucho personalmente. Más allá de nuestra pasión por el emprendimiento, hay una comunidad de valores. Y por suerte Bruce se ha recuperado bien. Sé cuáles son mis prioridades y creo en lo importante que es ser un modelo. Sé que es importante ser mamá antes que nada. Como me dijo mi hija Eden: “Mamá, puedes ser emprendedora por cierto tiempo, pero serás mi mamá para siempre”, y eso lo tengo claro.
Siempre quiso conocer el mundo y a los 25 años aterrizó en Chile. Se dio cuenta de que en América Latina no existían apoyos para los emprendedores y creó Endeavor, una organización en plena expansión. Aquí cuenta la historia de su exitosa iniciativa.
Reportaje Revista Ya, diario El Mercurio
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