Blog
  • Compartir
Christian Cortés, emprendedor Endeavor que hizo del secado de carne un negocio

Christian Cortés creador de la firma de alimentos Corba Food:

Partió en el patio de su casa con un taller artesanal. Hoy, este ingeniero en alimentos de la Universidad de La Serena proporciona carnes deshidratadas y otros insumos a transnacionales de América Latin

Pocos se imaginan, al comprar una pasta, que los trozos de carne que contiene estuvieron por meses dentro de una bolsa en estado de deshidratación. Es un gran paso para los fabricantes de alimentos, ya que la extracción del líquido a todo tipo de carnes ha permito que muchas industrias prefieran las cremas, caldos y hasta arroces, condimentos, pino, mariscos, pollos y pavos. Este proceso permite mantener las carnes en buen estado por meses y sin necesidad de refrigeración.

Contrariamente a lo que se podría pensar, esta revolucionaria idea no se elaboró en el laboratorio de una gran empresa, ni menos en el seno de un centro de innovación científica.

Con mezcladores artesanales y un taller improvisado en el patio trasero de su casa, el ingeniero en alimentos de la Universidad de La Serena Christian Cortés desarrolló un sistema de secado de carne de pino, que permite mantener almacenado el insumo por varios meses y sin necesidad de refrigeración.

Sin capitales de riesgo ni créditos estatales, Cortés -en compañía de un socio- decidió invertir $5 millones en 1995 para crear la empresa Corbac, dedicada a la deshidratación de alimentos. Con más ganas que logística, promocionaron el producto en diversas industrias.

Sin embargo, tras dos años de peregrinaje los resultados no fueron los esperados. “Fueron años de mucho golpear puertas, de mucha presentación, de mucha degustación, y nos fuimos dando cuenta de que los ahorros se agotaban”, explica el creador del producto.

El pino no daba los frutos y el socio con quien había emprendido había decidido dar un paso al costado al no ver resultados. Contra la cuerdas, Cortés decidió continuar. Cuenta que tras analizar las razones del escaso interés que despertaba el producto se percató de que la clave estaba en el deshidratado y no en el pino.

Así fue que Cortés se dio cuenta de que el proceso que creó podía servir para deshidratar alimentos para las raciones de los colegios rurales y de difícil acceso, donde las carnes en su estado natural no se podían almacenar por mucho tiempo. “Empezamos a venderles a empresas concesionarias del Gobierno a través de la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas. Ahí empezamos a crecer”, explica el ingeniero.

El gran salto vino en el año 2000. “Vendíamos a los colegios, y nos llamó un cliente grande para comunicarnos que nos adjudicamos un proyecto de un año, pues requería de todas las líneas de carnes deshidratadas con preparación”, cuenta.

Así fue que Cortés invirtió en maquinaria y automatizó procesos. Su negocio creció 20 veces y hoy sus productos están en toda Sudamérica.

Cortés cuenta que sus productos se han diversificado. El mismo dice que el “deshidratado ya es una anécdota, pues la empresa ya trabaja en conjunto con grandes firmas, elaborando productos finales y agregando valor a otros, como son los condimentos para carnes y pollos”

VENDÍAMOS A COLEGIOS, Y NOS LLAMÓ UN CLIENTE GRANDE PARA COMUNICARNOS LA ADJUDICACIÓN DE UN PROYECTO DE UN AÑO, PUES REQUERÍA DE TODAS LAS LÍNEAS DE CARNES DESHIDRATADAS”.

Datos personales

Vida familiar

Su padre es carabinero y su madre dueña de casa. Ambos crearon una empresa de transporte de pasajeros que opera en el aeropuerto de La Serena. Con 43 años, este ingeniero se casó con Ángela Urrutia en 1994. Del matrimonio nacieron cuatro niños; el mayor tiene 15 años y el más pequeño sólo 7. “Mi señora fue un apoyo muy importante. Tuvimos problemas económicos muy difíciles, y ella siempre estuvo motivándome a seguir con la empresa”, cuenta Cortés.

De provincia

Nació en Santiago, estudió en un colegio de Punta Arenas y cursó su educación superior en la Universidad de La Serena. Christian Cortés señala que prefiere la vida de provincia a la de la capital. “Una de las cosas más difíciles que tuve en mis inicios fue venirme de provincia a un lugar como Santiago. No tenía redes de contacto y el ajetreo de la ciudad me era ajeno”, indica. Tras su llegada a la capital, en 1993, y antes de la creación de su firma, Cortés trabajó en una empresa de alimento para mascotas.

Emprendimiento

La idea de emprender viene desde el colegio. Mientras cursaba la enseñanza media, cuenta que iba a distribuidoras a comprar confites para luego revenderlos a mejor precio. En la universidad tampoco paró, ya que participó en una agencia de turismo en la Cuarta Región.

Además, Cortés, que en 2004 fue seleccionado como emprendedor Endeavor, explica que en su familia la idea del negocio propio ha trascendido, ya que dos de sus tres hermanos tienen sus propias empresas.

Sus Hitos

La idea

Como buen ingeniero en alimentos, Cortés siempre pensó que esta industria tenía un gran futuro empresarial. Cuenta que tras asistir a reuniones con expertos del rubro recibió comentarios sobre el potencial que tendría deshidratar alimentos. “Comencé a revisar mucha literatura y papers; a su vez, tuve varias conversaciones con expertos sobre el secado de carne, lo cual me dio el sustento para emprender”, precisa Cortés.

Momento más difícil

Tras dos años sin muchos resultados, su empresa Corbac empezó a acumular deudas. La crisis asiática llevó las tasas de interés de los créditos bancarios a cerca de un 4% mensual. “Estábamos bastante endeudados y el negocio no funcionaba. Conversamos con los clientes. Algunos nos apoyaron con anticipos, otros nos firmaron letras de cambio, mientras nosotros se las pasamos al banco”, recuerda el empresario.

El crecimiento

El punto de quiebre se produjo en el año 2000. Con las ganancias obtenidas con la entrega de carne deshidratada a colegios, Cortés recibió una llamada desde una trasnacional. “Nos comunicaron que nos habíamos adjudicado el proyecto para el año que venía de todas las líneas de carnes deshidratadas con preparación a nivel regional”, afirma. Tras este acuerdo, Corbac amplió su empresa, y pasó de tener cinco a 20 trabajadores. A su vez, compró maquinarias, automatizó procesos y se instaló con un taller de preparación. Hoy tiene más de 40 clientes nacionales e internacionales.

Reportaje El Mercurio (Miguel Concha)