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Edmundo Ganter: “Ser emprendedor tiene que ver con un sueño”

Edmundo GanterEl fundador de Wetland y emprendedor Endeavor da cuenta de cómo llegó a concretar su negocio.

(Revista City, Noviembre 2009). Lejos de ser un ingeniero estructurado, Edmundo Ganter enfrenta la vida con la postura de quienes creen en las sincronías y en las leyes naturales, que ubican a cada cual en el momento y lugar precisos. Eso le sucedió en 1984. Recientemente casado con Alejandra Horst (parvularia), aquel año se convirtió en padre por primera vez y fue testigo de otro nacimiento, el de su inquietud por el medio ambiente. Estando dedicado a la industria del cuero, a través de la Asociación de Curtidores de Chile, ganó una beca entregada por la Organización de Estados Americanos (OEA) para estudiar la descontaminación del agua de las curtiembres. Viajo al estado brasileño de Porto Alegre y, tras cinco intensivas semanas de instrucción, descubrió un rubro del que pocos hablaban.

“Hace 25 años no existía la Conama, no se hablaba de normativas para medio ambiente, tampoco de una declaración de impacto ambiental, todo aquello era un lenguaje inexistente en ese entonces en el país…y yo encontré que el mundo iba hacia allá”, señala.

A su regreso dio una exitosa charla a los miembros de la asociación de curtidores; sin embargo, debieron pasar varios años antes de que Edmundo hiciera algo más en favor del ecosistema.

Pero específicamente, ¿qué detonó su interés por este sector tras la beca a Brasil? Este emprendedor responde que, luego de aquella experiencia, entendió que “eso era lo que venía…sentí que era lo mío y le dediqué el resto de mi vida”.

El estudiante y el mago

Del Instituto Nacional, Edmundo Ganter Parga pasó a la Universidad Católica. Ingresó a Ingeniería Civil Industrial, carrera escogida más que por una vocación, por los buenos puntajes obtenidos en el proceso y la tendencia que habla en aquellos años respecto de seguir los pasos del padre. Pero no se sintió cómodo con la especialidad y decidió cambiar la mención para seguir lo que él identifica como una de sus grandes pasiones: la tecnología en alimentos.

En aquellos años de universitario, figuraba entre los jóvenes más estudiosos. Asimismo, ya destacaba su vocación de emprendedor, creador y mago. “Siempre tuve el hobbie de la magia, por lo que estuve muy ligado a la creación de cosas secretas o a descubrir secretos de cosas ya creadas”, comenta. Además de un pasatiempo, esta habilidad se convirtió en un oficio para Edmundo y una fuente de ingresos: “Lo hacia porque no me gustaba pedirle plata a mi mamá para ir a bailar”, recuerda.

Seis meses antes de egresar como profesional con mención en Química, estando en la ciudad de Buenos Aires, descubrió otro de sus grandes intereses, el curtido de pieles finas. “Me recibí con la memoria en esa materia y me dediqué a eso, pero como aquel mercado luego desapareció, tuve que refugiarme en el negocio del cuero durante muchos años”. Fue en este rubro que, a fines de los 70, desarrolló una primera empresa formal bajo su propio nombre, pero el negocio terminó junto con la moda e interés de usar pieles finas.

Su camino hacia el medio ambiente

Al regresar de su beca en Brasil, pasaron 10 años en que Ganter no trabajó en el ámbito medioambiental: “Vendí productos químicos para la industria del cuero, además, como era buen asesor en procesos de curtido, trabajé como tal, en varias fábricas… Le decía a mi mujer: ¿para qué habré ido a Brasil a estudiar sobre el medio ambiente si nunca hice nada al respecto?”. Sin embargo, jamás dejó de actualizarse y fue así como estudiaba cada libro que llegaba a sus manos; a veces, cuando un técnico extranjero visitaba Chile y traía algún documento, se lo pedía y lo fotocopiaba. “Yo diría que la bibliografía que tengo en curtiembre no se mide en páginas, sino que en kilos”, confiesa el ingeniero.

Cuando la Asociación de Curtidores manifestó su preocupación por temas ambientales y lo contrató como asesor en esta materia, al fin pudo vivir trabajando en algo relacionado con el cuidado del ecosistema. “Tuve que esperar 10 años. Lo que pudo ser un mensaje, en el sentido de que hay caminos cortos y caminos menos cortos, pero lo importante es llegar a la meta”, dice.

Luego trabajó en consultoras ambientales; no obstante, durante toda la etapa en que fue empleado sintió coartada la posibilidad de crear y para él, la creatividad no es transable. Es a partir de esta sensación que nace su veta de empresario, habilidad que se concreta con la búsqueda de su autonomía. “Al final, te das cuenta de que la única manera de ejercer tu libertad y de crear, es siendo independiente”, asegura.

Con este ingeniero de 57 años no corren las ideas de que un empleo es sinónimo de seguridad y felicidad; para él –más bien- se trata de una especie de esclavitud. Pero tener un espíritu libre no es fácil. Confiesa que independizarse es una decisión tremendamente difícil, especialmente, cuando se tienen hijos (Alejandra de 25, Cristóbal de 22 y Nicolás de 15): “El desempleo es una responsabilidad enorme y hay que considerar que se hipoteca la seguridad de la familia todos los días; claramente, hay momentos en los que se pasa severamente mal, pero yo creo que los ángeles de la guarda hacen su pega loablemente bien y lo que es tuyo va a llegar a ti, lo que no te corresponde no te debe llegar”.

Activo las 24 horas

Al apostar por la independencia y el emprendimiento, suele aparecer el fantasma de la falta de recursos. ¿Cómo lo ha enfrentado Edmundo Ganter? “En definitiva, yo pienso que si se está haciendo ejercicio de la vocación, en la forma más plena, de una u otra manera el destino abrirá el camino para subsistir. Creo que la naturaleza tiene una ley mayor desconocida en la que los talentos no se desperdician. Yo no me preocupé de eso, lo que no quiere decir que no he pasado sustos económicos… Siempre llega el instante en el que se necesitan los recursos, pero cuando tienes una buena idea, los medios aparecen, el destino te los pone por delante”.

A ojos del ingeniero, lo que está en nuestro interior es lo que se relaciona directamente con optar por el camino independiente. El año pasado lo invitaron a dar una charla a un grupo de personas: “Siguiendo mi mala costumbre de no preparar unas palabras, dije que ser emprendedor tenía relación directa con un sueño. Es soñar… Se sueña despierto y se sueña dormido, es por eso que se es emprendedor las 24 horas del día”, comenta. Y no se trata de una frase hecha, porque Ganter es de las personas que aman y disfrutan lo que hacen: “Yo me voy con los libros de estudio a las vacaciones de verano y aprovecho de leer. Vamos al sur, al Lago Ranco, y si llueve no me quejo porque tengo más tiempo para la lectura”.

¿Qué dice su señora? Según Ganter, ya está acostumbrada y es por eso que él recalca la necesidad de un reconocimiento a las mujeres de los emprendedores: “Se requiere de mucha paciencia para ser pareja de un emprendedor. Somos una ‘fauna complicada y, en mi caso y el de mi familia, hemos asumido muchos riesgos. Acompañar a un marido que está con la mente siempre en otro lado, verlo leer libros, buscando relaciones entre uno y otro para sacar una nueva idea… Creo que se necesita una profunda comprensión para aceptar eso y entender que tu pareja no será feliz, si no está desarrollándose de esta forma”.

Cómo nació Wetland

Todos los días de la semana, este ingeniero levanta pesas y, al menos una vez al año, intenta escalar un cerro de altura importante. Esa afición por los deportes, en la que también se incluye la pesca submarina, llevó a este ingeniero a conocer a Matías Errázuriz -su socio en Wetland-, pues ambos asistían al mismo club deportivo, el Manquehue. A mediados de los 9o, mientras trabajaba en la consultora ambiental Ambar, Edmundo le propuso a Matías colaborar en la empresa y, al poco tiempo, se convirtieron en compañeros de trabajo.

Cuando los problemas económicos de la compañia en la que ambos compartían labores, derivaron en el cierre del área en la que se desempeñaban, decidieron formar Wetland, exactamente, 10 años atrás. A partir de entonces, Ganter nunca más buscó ni volvió a postular a un aviso de trabajo: “Tenía 46 años en ese minuto y quería poder canalizar todas mis inquietudes con absoluta libertad”.

Sobre cómo identificaron el nuevo negocio, el entrevistado señala que “estando en la consultora habíamos visto el tema de los procesos con plantas acuáticas; técnica que estaba de moda en esa época y que contaba con una gran expectativa a nivel mundial como sistema de biorremediación, mayoritariamente de agua, aunque también aplicada al suelo”, recuerda Ganter.

Entonces, pensaron que podrían tener un buen desarrollo en el rubro del tratamiento de agua y se lanzaron en esta aventura. “En las primeras etapas de Wetland optamos por trabajar hasta los sábado, porque era necesario… Si para ti es un sacrificio emprender, no lo hagas, porque hacerlo es jugar, es un gusto, no es un trabajo”, explica.

Parte de esa ardua labor fue recorrer durante un año diferentes lugares del país, recolectando especies de plantas que fueran útiles para tratar las aguas. Luego las analizaron en el laboratorio que Edmundo instaló en su casa y posteriormente las probaron en su propio domicilio. Ellos mismos cavaron la tierra y dieron vida a la pequeña planta. Una vez que esto dio resultado, lo hicieron en varias viviendas particulares, entre ellas, una casa de veraneo de un apoderado del curso del colegio de la hija de Ganter.

El paso para implementar la técnica de Wetland a mayor escala, llegó una vez que lograron el apoyo de la Comisión Nacional del Medio Ambiente (Conama) y de la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo), a través del programa Capital Semilla. El aporte fue de poco más de $30 millones y el primer proyecto que consiguieron concretar fue en el Colegio Adventista de La Serena. Tras obtener buenos resultados, fueron sumando clientes y construyendo nuevas plantas.

En 2005, las ventas superaron los $220 millones y al año siguiente llegaron a 4316 millones. A mediados de 2007, los registros de venta sumaban poco más de 4240 millones. Actualmente, la empresa factura alrededor de US$1.000.000 anuales, ha instalado más de 60 sistemas de tratamiento y desarrollan soluciones anaeróbicas y aeróbicas –sin y con oxigeno- en distintas localidades de Chile, tanto en recintos industriales como domiciliarios; entre sus clientes cuentan viñas, colegios y municipalidades.

Desde fines de 2008 a la fecha, Matías Errázuriz decidió poner en marcha otro negocio, sin embargo, continúa siendo accionista y director de Wetland. Mientras que Edmundo continúa como gerente tecnológico y actualmente está dedicado a algunas investigaciones que cree serán claves en la descontaminación de aguas a nivel mundial. En tanto, Wetland se mantiene enfocada a nuevos desafíos: el desarrollo del sistema SBR (Secuencial Batch Reactor), que procesa las aguas residuales por medio de un procedimiento biológico aeróbico anóxico. “Se trata de sistemas muy compactos y tecnificados sobre los cuales se está investigando y nuestra compañía trabaja en ello”, comenta el emprendedor.

Asimismo, están reformulando la empresa y su orientación para satisfacer la necesidad de un nuevo mercado. Ocurre que en el Congreso se está gestando una ley referida al tratamiento de aguas servidas y ésta ofrece una interesante oportunidad para Wetland. Ganter explica que así como existe alrededor de un millón y medio de chilenos que tiene agua potable gracias a organismos denominados “comités de agua potable rural”, una vez promulgada esta legislación, quienes participan de las juntas también podrán acceder al saneamiento de sus aguas servidas. “Éste es un mercado muy interesante en el que, modestamente, creemos que tenemos las herramientas para hacerlo bien y dejar una buena marca en Chile, tal como ya lo hemos hecho con sistemas de potabilización”, enfatiza Ganter.

El empresario explica que las oportunidades están en todos lados y que para encontrarlas ayuda estar actualizados y pendientes de la contingencia. Agrega que “no son muchos los profesionales que califican en el rubro de aguas en nuestro pais, pero si hay muchas entidades.

La conclusión es que hay muchas que lamentablemente no lo hacen bien’.

Qué diferencia a Wetland? De forma categórica dice que: “Lo puedo contestar de una manera muy cruda… Nosotros ¡de verdad! entregamos agua limpia”.

La calidad del trabajo es resultado del interés por la actividad, más allá de los beneficios económicos -comenta- y para apoyar su posición, recuerda la frase de un amigo ingeniero mecánico que describía su trabajo como “el ejercicio de una profesión, no de un comercio”.

El trabajo en equipo

Wetland se estableció formalmente en el año 2001 y de esta forma Edmundo Ganter se transformó en su propio jefe; sin embargo, aclara que no le gusta denominarse empleador: “Ignacio del Rio es el gerente general, yo no soy gerente general de Wetland y no quiero serlo. Solo me interesa estar con la suficiente libertad, tranquilidad y abstracción de problemas para poder desarrollar mis investigaciones. En el mundo, desde el punto de vista del agua, nada es mugre, queda mucho por hacer, investigar, desarrollar…y en eso quiero -en verdad- jugar un papel importante. De alguna manera, lo estoy jugando y quiero que sea de forma mucho más importante, incluso, fuera de Chile”.

Aunque no le gusta encasillarse en un cargo específico al interior de la compañía, reconoce que se siente el director de esta orquesta, es decir, el trabajo de Wetland se orienta acorde a sus directrices. Específicamente, es el gerente técnico y se encarga de diseñar las plantas de tratamiento. Quien tiene como misión llevar a la realidad sus ideas es Carlos Dreves, ingeniero civil químico que lo conoce hace más de una década. Fueron colegas en otra empresa de tratamiento de aguas y aquí trabajan juntos hace tres años y medio. “Edmundo es un tipo que cuando se le mete una idea en la cabeza, se embala y nadie lo saca de ah¡. En general, son buenas y han llevado a que Wetland pueda trabajar con una tecnología bastante innovadora, técnicas que en otras entidades podrían estarse importando, porque no hay muchas firmas valientes que creen sus propias tecnologías”.

Además de entusiasta con sus proyectos. a juicio de su compañero de labores, nuestro entrevistado es un hombre poco relajado, más bien nervioso, “yo creo que esa misma condición lo lleva a hacer cosas que otra persona tal vez no haría”, afirma Dreves.

Además de atreverse, a juicio de Ganter, confiar y delegar es un factor clave a la hora de administrar: “Si no hay confianza no hay empresa; y cuando ésta se quiebra se acaba todo. Alguna vez me dijeron que muchos grandes negocios no funcionaron, porque las personas impidieron que lo fueran y no porque fueran malos negocios”.

A la hora de tomar decisiones, Edmundo señala que se apoya en su equipo, pues “a veces no hay tiempo de meditar, pero creo que las decisiones de equipo son buenas y pienso que cuento con la capacidad de escuchar al grupo. Sin embargo, según comenta Carlos Dreves, su entusiasmo es tal que, en ciertas ocasiones, hay que ponerle freno en las reuniones: “La mayoría de las veces tiene razón y otras nos convence de que la tiene”, agrega sonriendo.

Nuevos emprendimientos

Sentirse feliz y satisfecho con el trabajo al que se le dedica gran parte del día, es un anhelo de muchas personas y Edmundo Ganter es de aquellos que lo ha concretado: “Me siento infinitamente satisfecho con lo realizado. No podría haber hecho otra cosa, creo que estoy en lo que tenía que estar. No sé cuantas personas pueden decir que lo que hacen es una prolongación de si mismos”.

Pero, por muy conforme que esté con lo que ha desarrollado a través de su carrera, la inquieta mente de este ingeniero persigue nuevos desafíos. Confiesa que tiene muchísimos intereses y que por ese motivo sufre un poco, por la falta de tiempo. “Muchas ideas que tuve años atrás aún no se han puesto en práctica, por ejemplo, todo lo que sé de curtiembre está en mi cabeza y, por ahí, ya se me está olvidando”, sostiene. Por lo anterior, considera muy importante la preservación del conocimiento y se confiesa un enamorado de los patrimonios inmateriales asociados a la tradición, rubro en el que percibe muchas oportunidades. Y no sólo se trata de buenas intenciones, porque ya ha puesto en marcha un plan para resguardar los trucos de magia que aprendió hace varias décadas: todos los domingo se junta con su hijo menor y graba algunos de estos secretos en video. “Yo puedo desaparecer el día de mañana, pero quedará el truco”, concluye.

Emprendedor de la Innovación

Para Edmundo Ganter, las opciones de emprender e innovar están en todos lados: “Lo único que veo son oportunidades, lo que me falta es tiempo para aprovecharlas. Pensar que todo está visto y que uno llegó tarde a la vida, cuando ya estaba todo hecho, creo que es una visión absolutamente miope”.

Asimismo, asegura poder reconocer cuándo una persona guarda dentro de si a un emprendedor: “Ves una persona y, según cómo le brillan los ojos, puedes darte cuenta si es emprendedor o no”.

Y, a su juicio, ¿qué es lo que hace emprendedor a alguien?

Creer y creerse el cuento. Cuando tú te lo crees, tal como lo piensas, así será. Ésa es la clave.

¿Qué diferencia advierte entre innovador y emprendedor?

Innova el que lleva a la realidad el invento, el que lo pone en práctica. Hay inventos que jamás salen del papel y no porque el invento sea malo, sino porque esa persona no tenía la capacidad de llevarlo al mercado. El emprendedor es el que “empresariza” finalmente esto; lo veo como una tercera etapa muy asociada al creativo. También hay empresarios que no son innovadores. En Wetland, somos emprendedores de la innovación.

Sin embargo, Edmundo Ganter confiesa que pensó que con el trabajo de las plantas acuáticas iba a llegar más lejos. No obstante, trajo a Chile una tecnología que nadie más desarrollaba, una técnica que estaba en libros europeos y estadounidenses. “En ese sentido fui el emprendedor o innovador, pues llevamos el invento al mercado y construimos el primer sistema de plantas acuáticas en Chile”. Pero su real aporte, según comenta, es haber llevado a la escala mediana y pequeña los reactores SBR, que existían en Chile pero en grandes dimensiones y, actualmente, trabaja en la macrogranulación aeróbica que “es la esperanza del mundo en la biotecnología para tratamientos de agua’, asegura.

La importancia del Agua

Recientemente, Edmundo Ganter asumió como presidente de la Comisión de Medio Ambiente del Colegio de Ingenieros. Se trata de una labor que le fascina y desespera a la vez, pues no le puede dedicar todo el tiempo que quisiera.

Entre sus tareas está la de modificar procesos de aprobación de sistemas y la publicación de un libro sobre el agua. “Frente al problema del calentamiento global, el efecto más directo sobre nuestro país es la desertificación, por lo que el agua toma un papel muy importante… Quiero que el libro sea un referente respecto de la situación del agua futura y presente de Chile”, señala.

Como no concibe el mundo sin agua limpia y se siente un artesano de ésta, entre sus planes se dispone a crear una fundación que pueda costear sistemas de tratamiento de aguas para personas que no puedan pagarlo. “La tecnología no es barata ni aún con plantas acuáticas”, asegura.

¿Cómo llegó a ser un emprendedor Endeavor?

Al regresar de un viaje a Alemania, yo siendo socio Matas Errázuriz en Wetland, éste lo invitó a postular a Endeavor. Aceptó y fue incluido como miembro; no obstante, confiesa que no sabe bien qué es lo que destaca Endeavor en él. Muy por el contrario, si sabe lo que más le agrada del grupo y lo que lo motiva a pertenecer a éste: “Las veces que puedo estar con ellos, que lamentablemente son pocas por falta de tiempo, comparto con gente maravillosa…poder estar una vez al año con empresarios como Félix Brunatto (que sobrepasa los 70 años), es rejuvenecer, el me hace ser más joven”.

Ganter asegura que goza con los éxitos de sus pares, “porque a lo mejor también los voy a alcanzar o los estoy teniendo. En Endeavor, me siento en un grupo de gente que pertenece a una ‘fauna’ medio atípica de emprendedores, que somos muchos en Chile”.

Síntesis

Edmundo Ganter Parga tiene 57 años, es casado y tiene tres hijos. Estudió en el Instituto Nacional y en la Universidad Católica de Chile, institución de la que egreso como ingeniero civil, con mención en Química. Actualmente es emprendedor Endeavor, presidente de la Comisión de Medio Ambiente del Colegio de Ingenieros y uno de los dos socios creadores de Wetland. Esta empresa fue fundada en el año 2001 y se enfoca al desarrollo de tecnologías ambientales para tratar residuos industriales y domiciliarios.

En su primera etapa, la compañía se dedicó a la comercialización y construcción de sistemas de descontaminación de agua por medio de plantas acuáticas, pero tras varios años de actividad e investigaciones, hoy también cuenta con soluciones tecnológicas anaeróbicas y aeróbicas -con y sin oxigeno-, de esta forma se distingue como un exitoso e innovador ejemplo de emprendimiento en el rubro medioambiental.