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El mundo también se puede cambiar desde Chile

Leo PrietoColumna de Leo Prieto, Cofundador de Betazeta. (Revista Poder y Negocios)


Estados Unidos, la tierra de las oportunidades. Cuna del “sueño americano”. Ese sueño que promete la posibilidad de que cualquier persona pueda lograr gran prosperidad sólo gracias a sus méritos personales y no debido a la fortuna familiar o conexiones políticas. Sin embargo, no cualquiera logra el sueño americano. Para empezarse requieren habilidades y ambición. Pasión por lograr grandes cosas, disposición a trabajar duro y fuerza para sobrellevar la adversidad. Ser un emprendedor.


Pero también se requiere de apoyo. La historia de Steve Jobs es conocida y fascinante, el hijo adoptado de una familia de clase media que abandona la universidad para perseguir su sueño y hoy es un personaje histórico que está constantemente reinventando múltiples industrias. Pero pocos conocen a Mike Markkula, el primer inversionista de Apple. En 1977, Mike había escuchado de estos dos socios que fabricaban computadores personales en un garaje, y luego de visitarlos y darse cuenta del potencial que tenían, los ayudó a incorporar la sociedad como una empresa real. Markkula trajo consigo, aparte de capital financiero, su experiencia ejecutiva y su red de contactos. El propio Steve Wozniak, cofundador de Apple, ha dicho que Markkula fue más crucial en el éxito de la empresa que los propios fundadores.


Sin alguien como Markkula, quizás Jobs nunca hubiese podido lograr su potencial. Personas como él son conocidos como inversionistas en “capital de riesgo”. Ellos son el combustible del sueño americano. Personas que toman su capital personal, también acumulado a base de méritos y lo usan para ayudar a otros a empezar, con el potencial de salir todos beneficiados.


Sólo durante 2007 inversionistas ángeles y de riesgo invirtieron 55.4 mil millones de dólares en casi 60.000 empresas en EE.UU. Es por esto que el 80% de las empresas norteamericanas tiene menos de 30 años, gracias a la existencia de este ecosistema que apoya e incentiva el emprendimiento.


No obstante, aunque esto es muy común en EE.UU., no lo es en los mercados emergentes, como América Latina. Aquí los inversionistas buscan empresas consolidadas, el capital de riesgo no existe y los “inversionistas ángeles” más parecen buitres.


Hasta que aparece Endeavor. En un viaje por América Latina, Linda Rottenberg se dio cuenta de que algo que era muy común en EE.UU. casi no existía en esta región: el sueño de ser emprendedor. Descubrió que sí existían soñadores, emprendedores y potencial, y se dispuso a crear una red de apoyo al emprendimiento. En 1997 fundó en Chile la red Endeavor. Con sede en Nueva York, hoy está presente en más de 11 países, que van desde Brasil a India, pasando por Jordania y Sudáfrica. Con un riguroso proceso de búsqueda y selección en el cual sólo el 2% es aprobado, apoyan a emprendimientos de alto impacto a pensar en grandes metas y les dan las herramientas para alcanzarlo. No son un fondo de inversión, pero entregan todo el apoyo de un inversionista de riesgo, excepto el financiamiento. Te dan acceso a una red global que está dispuesta a entregar ayuda legal, financiera y estratégica, así como conectarte con quien pueda ser crucial para tu crecimiento. Todo lo que piden a cambio es que ayudes cuando sea tu turno y que inspires a otros a seguir sus sueños y convertirse en emprendedores.


Pero lo mejor es hablar con ejemplos. Wenceslao Casares fue uno de los primeros emprendedores Endeavor. 32 inversionistas diferentes habían rechazado invertir en su sueño, crear el primer portal de servicios financieros de América Latina. Hasta que llegó Endeavor, lo que le abrió puertas, asesoró en transacciones, hasta que ese sueño fue comprado por el Banco Santander en más de US$ 500 millones. También está el caso de Tecsis en Brasil, una empresa fabricante de postes para generadores eólicos, que llegó a Endeavor con ventas de US$ 10 millones el 2000. Gracias al apoyo recibido hoy tiene ventas de US$ 500 millones anuales y firmó recientemente un contrato por US$ 1.000 millones con General Electric, negociado con la ayuda de Endeavor. Luego está el caso de Mercado Libre, que llegó en pañales y fue apoyado en su asociación con eBay y expansión regional. Hoy es el primer emprendimiento Endeavor en transarse en la bolsa de NASDAQ con una valorización de US$ 1.500 millones. Finalmente tenemos el caso de la empresa chilena de alimentos Nutra Bien, fundada por los hermanos Isabella y Patricio Jaras. Llegaron a Endeavor el 2001 con ventas de US$ 200.000 y con su apoyo crecieron hasta que en 2007 CCU adquirió el 50% de la empresa en US$ 10 millones.


Con resultados como ésos, no es necesario que Endeavor invierta capital financiero para apoyar el emprendimiento. Su inversión en capital intelectual, cultural y humano es incalculable. El efecto que puede generar no es sólo para una empresa y sus emprendedores, su misión es inspirar a otros haciendo crecer al país. Ellos proponen que apoyando 50 emprendimientos en su crecimiento hacia grandes empresas, se puede aumentar el PIB de Chile en 1%, generando empleos, riqueza y fomentando la innovación. Thomas Friedman, autor del libro “El mundo es plano”, describe Endeavor como “el mejor programa anti pobreza del mundo”. Hasta 2007 sus emprendedores han creado más de 86.000 empleos e ingresos sobre US$ 2.500 millones.