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El renacer de Latitud 90

(Revista Poder y Negocios. Junio de 2009)

En febrero de 2009, Latitud 90 sufrió un golpe devastador la trágica muerte de Nicolás Boetsch, uno de sus tres socios y su cara más visible. Esta es la historia de una empresa formada por amigos; de cómo sus socios fundadores, Felipe Howard y Alberto Gana, salieron adelante y reestructuraron las bases de su negocio para que la empresa resurgiera en medio de la tristeza.


En la remodelada casa oficina de Latitud 90, ubicada en Kennedy, las murallas y puertas lucen grandes murales con fotografías de las distintas actividades que la empresa realiza. Grupos de gente al aire libre, paisajes de ensueño y mucho, mucho color. Nada hace pensar que durante el 2008 la empresa vivió una de las crisis más profundas de su corta historia: el fallecimiento del ingeniero comercial Nicolás Boetsch, uno de los tres socios de la compañía, quien murió trágicamente en un accidente en el lago Panguipulli en febrero de ese año.


Hoy sólo dos elementos en ese espacio aluden al Nico: una pequeña foto suya en la entrada, en donde aparece andando en kayak, y un tubo de aluminio como el que usan los bomberos, que une el primer con el segundo piso, igual al que tenía en su casa.


La noticia de la muerte de Boetsch afectó a su familia y a sus amigos más cercanos, entre los que se encuentran el periodista Felipe Howard y el arquitecto Alberto Gana. Pero a ellos les afectó de manera doble. Por una parte, compartían una amistad con Nicolás desde que eran compañeros de curso en el Notre Dame, y por otra, eran socios de Latitud 90, una empresa pionera en otorgar servicios relacionados a experimentar la naturaleza.


Por eso, luego del accidente del joven profesional, muchos pensaron que la empresa se vendría abajo. De alguna manera la figura de Nicolás Boetsch había penetrado al ADN de Latitud 90. Era inevitable pensar así. La personalidad de Nicolás era capaz de eclipsar el resto; por lo mismo, al momento de su muerte oficiaba como gerente general, siendo prácticamente su rostro, sobre todo en las relaciones comerciales.


Pero la verdad es que la historia de la empresa es anterior a la llegada de Boetsch. Fue fundada en 1997 por Felipe Howard y Alberto Gana, pero en la práctica empezó a funcionar cuando ambos dejaron sus trabajos estables en 1999: Howard en Vertical, la empresa de Rodrigo Jordan, y Gana en una oficina de arquitectos.


Desde la época del colegio, ambos socios habían compartido su amor por los viajes, la naturaleza y las actividades al aire libre. Por eso, una vez adultos decidieron fundar una sociedad, junto a Pablo Osses, y llamarla Latitud 90, como una forma de honrar a exploradores como Robert Scott, Roald Amundsen y Fridtjof Nansen, que hace 100 años emprendieron expediciones hacia los polos, es decir, las latitudes 90.


En un principio invitaron a otros tres socios que aportaron capital, pero esa sociedad no dio los resultados deseados y en 2003 Howard y Gana compraron su parte a los otros cuatro socios. En eso arribó Nicolás Boetsch, quien venía de vender su parte de Bazuca y llegó a la empresa para arrendar una oficina y desarrollar sus propios proyectos. “Ahí empezamos a pololear, en el sentido de que hicimos una sociedad para desarrollar los programas que nosotros teníamos con empresas, pero que habíamos dejado un poco de lado. Ahí se estaba formando la estructura de Latitud 90 que se mantiene hasta hoy”, recuerda Howard.


Los buenos años


La llegada de Nicolás Boetsch fue un vendaval de aire fresco para Latitud 90. Antes de eso, la empresa no tenía unidades de negocios definidas. Hacían cosas para turismo, educación al aire libre y de vez cuando actividades para empresas, pero no había un piloto claro. “La llegada del Nico nos hizo estructurarnos en tres áreas de negocios. Su principal virtud era el tema comercial y la pasión que le ponía a todo, la luz que emitía. El hizo explotar el área de empresa, que ninguno de nosotros abordaba, y nos asociamos en esa área 50 y 50%. Nosotros poníamos nuestra experiencia y él salía a las empresas”, cuenta Howard. Fue ahí cuando Boetsch ofreció comprar una parte de la empresa. Los otros dos socios aceptaron y se estructuró Latitud 90 de tal manera que Felipe quedara a cargo del área de educación al aire libre, Alberto de turismo receptivo y Nicolás con empresas. “Fueron años de harto crecimiento, sin ninguna estrategia ni un plan de negocios diseñado ni aportes de capital de ningún tipo, sino todo con lo que íbamos generando con el empuje de estos tres gerentes/socios que a su vez empujaban su propio negocio. La verdad es que funcionábamos como tres empresas en una, con equipos distintos”, explica Howard, quien recuerda las “reuniones de directorio” en el departamento en Farellones de Nicolás en lasque cada uno defendía su área al momento de repartir los costos fijos.


El área de Alberto Gana, turismo receptivo, históricamente ha sido la que más factura, representando un 50% de los ingresos de la empresa. Su público objetivo son los extranjeros que vienen a Chile—a través de agencias internacionales—atraídos por la belleza natural del país. “Pero partimos al revés. Al principio hablábamos de turismo remoto, es decir, llevar a chilenos a destinos exóticos. Fue una mala idea y por eso estuvimos a punto de desaparecer en el 2000. Pero nos dimos cuenta de que éramos expertos en nuestro país, que afuera había un mercado inmenso y que Chile se estaba posicionando como un buen destino”, explica Howard.


En el área de educación al aire libre, se ofrecen dos tipos de productos. Por un lado están los viajes de estudios que, a diferencia de los tradicionales, ofrecen experiencias distintas, como camping, pesca con mosca, trekking, etc., siempre adaptándose a los gustos y presupuestos de cada colegio. “La idea es desmarcarnos de lo que hace el resto y que los papás lo vean no como un gasto, sino como una experiencia que tenga un valor agregado, que ayude a los alumnos a descubrir el entorno y a descubrirse a ellos mismos”, explica Howard. La otra área son los Cursos de Educación al Aire Libre (Ceal), orientados a cursos menores, pero con la misma dinámica de los viajes de estudio, es decir, enfocados en el descubrimiento personal de los niños.


Por último, el área desarrollada por Nicolás Boetsch, empresas, también tiene que ver con generar experiencias únicas, siempre al aire libre, pero a los equipos humanos de las empresas y dependiendo de las necesidades de ellas, como por ejemplo, retener talentos, retener clientes, crear liderazgo, etc.


El golpe


“Fue un pencazo muy duro”. Con esas palabras resume Felipe Howard la muerte de su socio y amigo Nicolás Boetsch. La tragedia coincidió con un momento en que la empresa había iniciado un proceso para que la marca trascendiera a las personas. Incluso el propio Boetsch había dejado de lado su rol como gerente del área empresas para asumir la gerencia general.


Por eso, después del accidente, Gana y Howard se abocaron con todo a llevar adelante el proyecto de impregnar la filosofía de la empresa. El primero asumió la conducción comercial, mientras que Felipe tomó las riendas del trabajo interno. “Lo peor que nos podía pasar era que la moral de la gente se fuera a las pailas, entonces la pega que tuvimos que hacer con Alberto fue comernos nuestra pena en el trabajo y repartir el lema que siempre decía el Nico: ¡Vamos que se puede! Con la ayuda de un consultor y de una sicóloga empezamos a trabajar este tema, a definir nuestra misión, nuestra historia, nuestro nombre. ¡Nadie sabía por qué nos llamábamos Latitud 90! La idea era que si el día de mañana le pasa algo a uno de los socios, esto siga”, cuenta Howard.


Parte de ese proceso fue reconstruir la casa, a la que le agregaron un segundo piso, cambiaron la decoración y los computadores. Una manera de reaccionar rápido y subir la moral de las cerca de 40 personas que trabajan ahí. Junto con eso, Felipe y Alberto empezaron a salirse del día a día de la empresa y a empoderar a los gerentes de cada área. También debutó un nuevo sistema de sueldos variables, en el que cada empleado tiene un porcentaje del negocio.


Pero justo en ese momento —septiembre de 2008— estalló la crisis económica mundial y Latitud 90 nuevamente fue remecida con otro golpe. El área de turismo receptivo empezó a recibir cancelaciones de los turistas extranjeros y las empresas empezaron a recortar sus gastos. “Definitivamente el 2008 fue un año de crisis en el más amplio y estricto sentido de la palabra”, reflexiona Howard. Además, recién había debutado el sistema de los sueldos variables, por lo que los trabajadores vieron cómo sus sueldos se reducían. Pero esta nueva crisis hizo que la empresa, por primera vez en su vida, ideara una planificación estratégica para el futuro. Para eso contaron con la ayuda de Endeavor que los contactó con el Boston Consulting Group para definir las estrategias a seguir para el 2010 en adelante, y analizar distintos escenarios, desde ver si el modelo de Latitud 90 es exportable hasta diseñar productos de integración vertical, como ya lo hicieron con el Patagonia Camp en conjunto con Jorge Matetic. Incluso, acaban de contratar un gerente comercial para el área de empresas, una de las más afectadas por la crisis, como una forma de cumplir al pie de la letra el lema que les heredó su socio y amigo.