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La óptica femenina del agro

Karina Von Baer y María Gracia Cariola* Karina Von Baer y María Gracia Cariola hacen oir su voz desde el directorio de la SNA. (El Mercurio, Revista del Agro, 24 mayo 2010).

Los cerca de 24 pares de ojos observan con asombro desde su estática posición en las paredes del salón Consejo de la Sociedad Nacional de Agricultura. No están acostumbrados a que mujeres tomen posesión, discutan e impongan sus puntos de vista. Menos dos como María Gracia Cariola y Karina von Baer, que cuando se trata del agro y de los problemas que los afectan, tienen puntos de vista claros y no necesitan alzar la voz para que el resto de los directores las escuchen.

“Al principio nos miraban un poco extrañados, aunque siempre súper caballeros. Ahora están más relajados. Pero, eso sí, siempre nos han escuchado lo que tenemos que aportar”, dice María Gracia refiriéndose a cómo fue su aterrizaje, en 2005, como primera mujer en el directorio de la SNA.

Abogada e ingeniero agrónoma respectivamente, cada una aporta con un tono distinto a la entidad.

Karina, la tierra y el agro los trae en los genes -su padre Erik von Baer es uno de los mayores innovadores en materia de granos en el país-, también su origen no santiaguino. “En mi región, los problemas de mi zona…” son una constante en cualquier tema que toca. Fue precisamente ese uno de los atractivos que la hicieron aceptar ser miembro del directorio del organismo rector del agro nacional, al que llegó hace casi ya dos meses.

“Sentí que era una forma de poner en la mesa los problemas de la región. Me animé a entrar para apoyar la renovación de las ideas y porque sentía que desde ahí se puede generar un efecto multiplicador de ellas. La SNA y los otros gremios tienen que reunir y ser la contraparte, su labor es fundamental para que el Gobierno sepa por donde ir. El Estado puede estar proponiendo, pero nosotros estamos en el día a día y tenemos que aportar con eso. Uno no puede quedarse sólo en la empresa si quiere que se produzcan cambios más estructurales”, dice la hermana de la actual vocera de Gobierno.

María Gracia viene del mundo empresarial. Directora de empresa y asociada senior del estudio de abogados Cariola, Diez, Pérez-Cotapos -creado por su padre el ex senador Marcos Cariola-, donde trabajó hasta 2004. Su especialidad poco tenía que ver con el agro: financiamiento, telecomunicaciones y empresas. A eso se dedicaba cuando comenzó a participar más en los proyectos agrícolas familiares.

“Descubrí un mundo que era distinto, el de la producción agrícola. Me encanté con la tierra y los alimentos”. En 2005, el entonces presidente de la SNA Luis Schmidt, la invitó a ser parte del directorio. “Me interesó, porque es una forma de aportar para que existan mejores políticas de Estado y una buena forma de ayudar a plantear las problemáticas estructurales del agro a un nivel más amplio y de aportar de alguna forma en la toma de decisiones”.

Atentas a los problemas estructurales

Sus visiones coinciden en muchos aspectos, como por ejemplo, en los problemas de la agricultura de hoy. Para ambas, uno de los temas estructurales es del financiamiento para las actividades del agro, especialmente de los medianos y pequeños. “Los grandes tienen acceso a la banca, pero los chicos deben recurrir a otras organizaciones, y éstas no siempre cuentan con todas las herramientas para ayudarlos. Tenemos que mejorar el sistema financiero para los agricultores. Básicamente darle más valor legal a la prenda agraria, lo que es muy importante para el pequeño agricultor”, sostiene la empresaria sureña.

María Gracia insiste en que el tema requiere cambios para que los recursos disponibles desde el Estado lleguen efectivamente a las pymes, que en el agro son la mayoría. “El agro no se financia con la banca, ya que ésta ha manifestado expresa o implícitamente que dentro de sus prioridades no está lo agrícola, porque es muy ajeno y para desarrollarlo deberían invertir mucho. Entonces el financiamiento viene por entidades como exportadores o distribuidores de insumos. Y ellos no pueden acceder a los recursos estatales para aumentar la competitividad de las pymes. Se requiere que todos los programas de la Corfo lleguen a la pyme, porque la agricultura es pyme”.

La asociatividad es básica

Karina como la directora ejecutiva del holding integrado Saprosem, GranoTop, OleoTop, AvenaTop y TreeTop, empresas que bajo su alero han devuelto la rentabilidad a cultivos como el raps y la avena que por años estuvieron muy deprimidos. María Gracia como parte de los directorios de empresas como Pathfinder, de Inmobiliaria Santo Domingo y de la Feria Ganadera de Osorno. Y ambas tienen claro el papel que debe jugar la empresa y el pequeño agricultor en el agro hoy, independiente del rubro del que se trate.

“La asociatividad es básica. Hay dos razones: cuando uno pasa a ser un líder agrícola hay responsabilidad no sólo con los que están on de top, sino con todo el mundo rural. Nuestra región y buena parte de la agricultura está en manos de los pequeños.

Entonces, es un requerimiento hacernos cargo de hacerles llegar el conocimiento que les abre las posibilidades. Esto no es sólo altruismo es también una oportunidad de negocios. Con eso los industriales vamos a tener más grano. Y además porque permitiría utilizar mucho más tierra que hoy está inactiva por desconocimiento o porque nosotros no incorporamos a esos pequeños”, enfatiza la agrónoma.

Para la abogada, los pequeños son las bases del desarrollo exportador del país y en eso considera que el empresariado tiene un papel clave. “Chile no es un país de grandes extensiones, por lo que todo el desarrollo de proveedores tiene que hacerse y es favorable para los empresarios. Debe haber mayor participación de los empresarios en el encadenamiento productivo, para generar una asociatividad de los pequeños que se oriente a los productos requeridos, y eso parte porque el empresario se involucre para traspasarle sus necesidades y la forma de satisfacerlas”.

Pero también hay otras necesidades, como adecuar la legislación laboral al mundo agrícola. Las directoras consideran que en un país que mira y pretende ser una potencia agroalimentaria, no es posible que no se le dé al trabajador del agro las condiciones que necesita.

“Es necesario que la legislación comprenda mejor las necesidades y posibilidades de los trabajadores del agro. Y que además haga más competitiva a la agricultura chilena. Eso se ve reflejado en la jornada. Que ésta no sea urbana, como si el trabajador del campo estuviera sentado en una fábrica, sino que tenga jornadas propias de los rubros”, enfatiza María Gracia Cariola, quien desde desde fines de abril está a la cabeza de la Comisión “Mujer, trabajo y maternidad”, creada por el Presidente Sebastián Piñera.

Que el agro gane peso

Las empresarias y dirigentas consideran que en Chile a la agricultura no se le ha dado, desde el Gobierno, el peso que tiene en términos de su aporte al PIB, como motor de desarrollo económico y social, y como generadora de empleo. Y creen que en el actual gobierno eso podría cambiar.

“Hay algunas señales que dan esperanzas de que va a dar a la agricultura un lugar dentro de sus preocupaciones y hacia dónde enfoca sus recursos y parte de sus medidas”, recalca María Gracia. Se refiere a la toma de decisiones respecto de la reconstrucción post terremoto, por ejemplo. “Cuando se elaboró el paquete de financiamiento para la reconstrucción y del programa de gobierno se tuvo en consideración no aplicar medidas que pudieran afectar el tipo de cambio, entendiendo que la economía de Chile está basada en un modelo exportador, y que por ello es fundamental tener un tipo de cambio razonable”.

Parecido piensa Karina. “Creo que el actual Gobierno entiende realmente que la agricultura es un tremendo motor. Se entiende la importancia de mantener su competitividad. En la SNA sentimos que hay una fuerte focalización en ese tema. Igual hay que ir viendo cómo va andando”, comenta.

Competitividad: innovación y transgenia

Consideran que la agricultura chilena es de primer nivel, aunque reconocen que en los últimos años han sido la fruta, el vino y los salmones, las actividades que han salido más a conquistar mercados. Por ello, consideran que hay que pisar también el acelerador para la agricultura de las carnes, granos y leche. Y ello significa que en el país se tomen decisiones en temas como el de la transgenia, recalcan.

“Es fundamental para darle competitividad a mi sector. Aquí tenemos que ser consecuentes. ¿Por qué no podemos producirlos y sí tenemos que competir con un producto que viene de fuera? Si los importamos, entonces démosles a nuestros agricultores las mismas herramientas para competir. Además, cuando intentamos exportar tenemos que competir en el mundo con productores que ya tienen incorporados los transgénicos. Hay que considerar que un productor grande de Chile es chico a nivel mundial y sin estas semillas, el costo se dispara, sobre todo en Chile, donde el ciclo vegetativo es permanente, lo que hace que las malezas crezcan todo el año. Esto eleva muchísimo el costo de aplicación de herbicida en granos, al menos al doble que en otros países. ¿Dónde queda entonces nuestra competitividad?”, enfatiza Karina.

Terminante, María Gracia recalca que la situación actual no es justa con el agro chileno, pero que las medidas deben tomarse en forma cuidadosa. “Se importan cereales, se consumen, se producen semillas para exportación. Los consumidores chilenos estamos ya expuestos a esos alimentos, entonces ¿por qué no van a poder cultivarse en Chile? Es una contradicción que resta competitividad.

Es mejor que exista una regulación que norme para que todo lo que se autorice sea estudiado porque eso minimiza los riesgos y permite que lo autorizado sea lo más inocuo”.

Tienen una mirada innovadora sobre cómo debe enfocarse la innovación en el agro del siglo XXI.

“Hay que orientarse a la gestión, en cómo relacionarnos entre los articuladores del mundo agrícola, en los precios, en los sistemas de contrato. En Oleotop y en las otras empresas, hemos crecido porque hemos sido innovadores en cómo relacionarnos, cómo inventar sistemas, cómo hacer contratos. Tenemos que ir mucho más profundo que la generación de nuevos productos, sin descuidar por supuesto la ciencia básica. Pero en este país la producción siempre va a ir innovando. Hay muchos trabajando en el tema de innovación. Eso está muy insertado en el ADN de nuestros productores”, recalca Karina.

La mirada debe imponerse en la gestión

“En ocasiones basta sólo un cambio en la forma de hacer las cosas para que se genere un impulso muy potente. Un ejemplo es Cemex, que siguió haciendo cemento, pero modificó su gestión. A veces basta con esto para que se dé un tremendo salto”, enfatiza María Gracia.

Los cerca de 24 pares de ojos masculinos del salón no pierden la expresión, aunque habría que ver su reacción si pudieran salir de los cuadros desde donde miran.

Con el ojo en los cereales

Lo de Karina son los granos. Los produce, los procesa y los convierte en distintos productos que exporta a países de la región y de Centroamérica.

Por lo mismo, su atención está enfocada en que éstos se vuelvan más competitivos. Y tiene claro que el sistema tiene patas cojas. “La infraestructura de los granos es crucial para el desarrollo de este sector, especialmente la del almacenaje. Muchos de los problemas que se generan hoy se solucionarían si en definitiva la decisión de la entrega del producto se separa del momento de la transacción. Si no siempre se depende de la situación de mercado internacional, y hay tantas cosas que afectan que no dependen sólo de la oferta y demanda local. Por ejemplo, si la cosecha fuera hoy, con la debacle económica de Grecia se habría generado un gran problema”.

Pero la infraestructura de guarda depende de los privados… Efectivamente depende los privados, pero para los pequeños debiera haber una articulación estatal. Por ejemplo, ver la forma de apoyar que los pequeños, que son los que más las requieren, se asocien con los industriales y generen núcleos de almacenamiento. Hay que buscar alternativas para que dejen de depender de tener que vender en el momento y que eso afecte el precio. Es industrial de los granos, pero también ha estado en el lado de la producción. Por eso sabe de lo que habla cuando se refiere a la necesidad de que en el país exista efectivamente una ley de muestra y contramuestra que haga más transparente la comercialización de estos productos (y que podría aplicarse también a otros como los lácteos). “Es básico tener una ley de muestra y contramuestra. Es una realidad que si yo, como productor, mando una misma carga a tres partes distintas, me entregan tres informes -e incluso pesos- diferentes y no puede ser. Lo que se requiere no es sólo una ley, sino también una de certificación de las plantas. Y no se trata de que todas compren igual, sino de que la pesa esté certificado y lo mismo con la calidad. Es decir que exista un protocolo del sistema de muestreo para ciertos parámetros”.

Recuperación de suelos

Cuando se sumergió más María Gracia en el agro fue cuando empezó a meterse en el negocio ganadero que la familia mantiene en el sur del país. Por ello, hoy sabe que si Chile quiere jugar en los mercados internacionales, requiere que crezca la masa ganadera, y su receta para ello es hacer más eficiente el programa de recuperación de suelos degradados.

“Para potenciar la agricultura sureña, el inicio y el término es tener un programa verdaderamente eficiente de recuperación de suelos degradados, porque la riqueza del sur, el desarrollo de la ganadería y lechería, está asociado a las praderas. Ellas son la riqueza. Se requiere una administración más fácil, eficiente y controlada de ese programa y que se una de alguna manera con productividad. Es decir, que sea más fácil postular y que sus resultados se midan en productividad. Hoy en día es administrado por SAG e Indap, y en Indap se administraba con poca formalidad y no había siempre un seguimiento. Hacerlo bien, potenciar las praderas y que éstas mejoren los resultados de la carne y la leche significa pura rentabilidad para el país y el Gobierno”.

Fomentar y cooperar para la apertura de mercados para estos productos. Por ejemplo, que es determinante aumentar la cuota a Europa, porque el mayor incentivo es un mayor precio, y el mejor precio para la carne de Chile es el europeo. Y además porque somos asociados del Mercosur y somos vecinos de grandes productores de leche y carne que entran en nuestro país.