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No hay futuro sin emprendedores

Columna de Alan Farcas, Director Ejecutivo de Endeavor Chile. (La Tercera, 3 julio 2009).

No debe ser fácil incluir un solo discurso todos los temas relevantes para el país. Los diferentes grupos de presión y sus aliados hacen un muy buen trabajo para que los asuntos sensibles tengan su espacio. Quizás los emprendedores también deberían tener un sindicato o gremio que vele por sus intereses. Y me refiero a los emprendedores dinámicos que lideran compañías que están creciendo a doble dígito, potencialmente globales, escalables y que ven en sus negocios un medio por el cual trascender y generar valor, donde los ingresos son más una consecuencia que un fin.

Pero el discurso presidencial del 21 de mayo sí trajo buenas noticias en condiciones de entorno para el emprendimiento. Especialmente potentes son las nuevas medidas alineadas con las propuestas de Educación 2020 y masificación de las tecnologías de información. Esto sienta los pasos necesarios para integrar a una gran parte de la población que hoy está marginada de soñar y ejecutar cualquier desafío complejo.

Actualmente, casi la mitad de los chilenos no puede soñar con liderar una empresa de alto impacto porque no tiene las herramientas para hacerlo, lo que redunda en un tremendo perjuicio para todos, porque implica volar con uno, o mejor dicho, con millones de motores menos.

Tuve el placer hace pocos días de escuchar una exposición brillante de Igal Magendzo, economista de la UAI y asesor de Hacienda, donde destacaba la posición privilegiada de Chile gracias a la política bíblica de “guardar en épocas de vacas gordas”, pero con agudeza se preguntaba cuál sería la fuente de crecimiento para los próximos años. Además, mostraba datos aterradores (al menos para mí) sobre el estado de nuestra Productividad Total de Factores (PTF).

La PTF es el indicador que usan los economistas para explicar el crecimiento que no pudieron relacionar con trabajo (personas ocupadas y productividad) o capital (máquinas, plantas de proceso, equipos, infraestructura, etc.). Se han demorado algunas décadas, pero al fin han entendido que esa parte del pastel es achacable a educación, innovación, emprendimiento y factores relacionados.

Viendo las cifras del Banco Central en un paper liderado por Schmidt-Hebbel, Fuentes y Larraín, es trivial entender que la década de oro de la economía chilena (los 90) se explica por un protagonismo explícito de la PTF (educación, innovación y emprendimiento) con más de un 50% del total del crecimiento.

Además, la baja en el crecimiento del PIB de los últimos años y las expectativas relativamente mediocres para el futuro (en relación al desafío que tenemos), también están alineadas con una pérdida del aporte de la PTF al crecimiento (en los últimos 4 años ha sido cero en promedio).

Los “mangos bajos” como dicen los centroamericanos o las ganancias fáciles por PTF ya se hicieron. Si queremos seguir profundizando en esta materia, no nos quedará otra que ir a las profundidades de las raíces culturales.

Aunque las nuevas generaciones son más abiertas al emprendimiento, al riesgo y al fracaso, a nuestro país le falta mucho en estas lides para que los estudiantes y jóvenes tengan un acercamiento más amigable y cercano con la innovación y el emprendimiento. Valores como esfuerzo, confianza, impacto, trascendencia y transparencia, que representan esta cultura aún no permean de manera contundente nuestra sociedad.

El Consejo de Equidad ya validó como una de sus nueve propuestas de consenso al emprendimiento juvenil como una vía relevante para mejorar las oportunidades en Chile. Y lo hizo con un estudio serio de clase mundial, donde se especifican acciones concretas. La Unión Europea, a través del Mineduc, la PUC y Fundación Chile, complementó con un trabajo de creación de contenidos de emprendimiento para profesores de escuelas que la UDD con Sofofa están implementando.

No podemos esperar a tener todas las piezas del rompecabezas para armar el puzzle de la educación y cultura emprendedora en Chile. Tenemos la mayoría de las partes muy bien pensadas y diseñadas. Por favor (a estas alturas es literalmente un ruego), partamos con mucha fuerza y energía, con acciones concretas y relevantes para tener, no sólo centenares, sino miles de emprendedores dinámicos en Chile.